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Valoración de los trastornos articulares y musculoesqueléticos

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INTRODUCCIÓN

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Los síntomas musculoesqueléticos generan más de 315 millones de consultas ambulatorias por año y casi 20% de las consultas ambulatorias en Estados Unidos. Los Centers for Disease Control and Prevention calculan que 22.7% (52.5 millones) de la población estadounidense padece de artritis diagnosticada por un médico y 22 millones sufren limitación funcional considerable. Mientras muchos de éstos podrían ser problemas autolimitados que necesitan valoración mínima y tratamiento sintomático, las presentaciones musculoesqueléticas específicas pronostican la presencia de otra enfermedad más grave que necesita una valoración más detallada y una serie de análisis de laboratorio para confirmar el diagnóstico. El objetivo de la valoración musculoesquelética es formular un diagnóstico diferencial para establecer el diagnóstico preciso y tratamiento oportuno, evitando los estudios excesivos y el tratamiento innecesario (cuadro 393-1). Existen varios trastornos urgentes que se deben diagnosticar con rapidez a fin de evitar secuelas importantes o la muerte. Estos diagnósticos de “alarma” son artritis séptica, artritis aguda inducida por cristales (p. ej., gota) y fracturas. Todas ellas se deben sospechar si existen molestias monoarticulares o focales de inicio agudo (véase adelante).

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CUADRO 393-1

Valoración de pacientes con síntomas musculoesqueléticos

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A pesar de la relación conocida entre ciertas enfermedades y determinados análisis, la mayoría de las personas con molestias musculoesqueléticas se puede diagnosticar por medio de la anamnesis detallada y la exploración física y musculoesquelética completas. En la primera consulta se debe establecer si la molestia musculoesquelética indica un problema grave (artritis séptica, gota o fractura). Durante la valoración se establece si la molestia es 1) de origen articular o no articular, 2) de naturaleza inflamatoria o no inflamatoria, 3) de duración aguda o crónica y 4) de distribución circunscrita (monoarticular) o diseminada (poliarticular).

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Con esa estrategia y conociendo la fisiopatología, es posible clasificar la molestia musculoesquelética (p. ej., monoartritis inflamatoria aguda o no inflamatoria crónica o dolor diseminado no articular, no inflamatorio y crónico) para reducir las posibilidades diagnósticas. En la mayoría de los casos es posible establecer un diagnóstico. Sin embargo, algunos pacientes no encajan inmediatamente en una categoría diagnóstica concreta. Muchos trastornos musculoesqueléticos se parecen entre sí y algunos tardan semanas o meses en evolucionar hacia una entidad diagnóstica fácilmente identificable. Esta consideración debe moderar el deseo de establecer un diagnóstico definitivo en la ...

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