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INTRODUCCIÓN

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El estado de coma constituye uno de los problemas más frecuentes y sorprendentes en la medicina general. Es la causa de una fracción notable de admisiones en pabellones y servicios de urgencias y aparece en cualquiera de los servicios hospitalarios. El coma requiere atención inmediata y también, para iniciar su tratamiento, una estrategia organizada.

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Se conocen innumerables situaciones en que disminuye el estado de vigilia y la forma más profunda corresponde al coma, definido como el estado profundo similar al sueño, del cual es imposible despertar a la persona. El término estupor señala un grado mayor de recuperación del estado de conciencia en que el paciente puede despertar de manera transitoria por la acción de estímulos vigorosos, que se acompaña de un comportamiento motor que intenta evitar los estímulos desagradables o lesivos. La somnolencia, de todos conocida, remeda al sueño superficial y se caracteriza porque la persona puede despertarse fácilmente y, por lapsos breves, continúa el estado de vigilia. La somnolencia y el estupor suelen acompañarse de algún grado de confusión (cap. 34). Es preferible hacer una descripción precisa del nivel del estado de vigilia y del tipo de respuestas desencadenadas por algunos estímulos, tal como se observa de forma directa en el cuerpo del paciente y no usar términos ambiguos, como letargia, semicoma u obnubilación.

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Dada su importancia especial, se analizan por separado otras entidades patológicas que hacen que la persona no reaccione y que, por consiguiente, remedan al coma. El estado vegetativo se refiere al paciente que ha emergido de un coma y tiene aspecto despierto pero no responde. En tal estado, la persona puede tener abiertos los párpados y así parecer que se encuentra despierto. No se pierden las funciones respiratoria ni del sistema autónomo. Persisten funciones, como bostezar, toser, deglutir, así como movimientos de extremidades y cabeza y el individuo puede seguir con la vista los objetos que se le presentan, pero son escasas (si las hay) las reacciones notables al entorno externo e interno; en esencia, se trata de un “coma en vigilia”. El término vegetativo es desafortunado porque se presta a interpretaciones erróneas. Siempre hay signos acompañantes que denotan daño extenso de ambos hemisferios cerebrales, por ejemplo, las posturas de extremidades en los estados de descerebración o decorticación y la falta de respuestas a los estímulos visuales (véase más adelante). En el estado de conciencia mínima, muy similar pero menos intenso, el paciente genera comportamientos vocales o motores rudimentarios, a menudo espontáneos, pero algunos en reacción al tacto, los estímulos visuales o las órdenes. Algunas de las causas más frecuentes del estado vegetativo o el de conciencia mínima son el paro cardiaco con deficiencia de perfusión cerebral y las lesiones craneoencefálicas (caps. 327 y 330). Es muy desalentador el pronóstico en lo que se refiere a recuperar las facultades mentales una vez que se instaló el estado vegetativo durante varios meses y, ...

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