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INTRODUCCIÓN

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La pérdida de peso involuntaria (IWL, involuntary weight loss) suele ser insidiosa y tiene consecuencias importantes porque constituye un cuadro precursor de graves enfermedades subyacentes o primarias. La pérdida ponderal clínicamente importante se define como la disminución de 4.5 kg o >5% del peso corporal en un lapso de seis a 12 meses. La IWL aparece incluso en 8% de todos los adultos ambulatorios y 27% de personas débiles de 65 años y mayores. Incluso en 25% de los pacientes, a pesar de estudios extensos, no se identifica una causa del problema. Por lo contrario, incluso la mitad de personas que afirman haber adelgazado no tienen pruebas innegables de la pérdida ponderal. En términos generales, los individuos sin una causa identificada de pérdida de peso tienen un mejor pronóstico que aquellos con causas conocidas, en particular si la disminución de peso es de origen canceroso. La pérdida ponderal en ancianos se acompaña de muy diversos efectos nocivos, como son fractura de la articulación coxofemoral, úlceras por decúbito, deterioro de la función inmunitaria, disminución del estado funcional y muerte. No cabe la sorpresa de que la pérdida de peso extrema se acompañe de mayor mortalidad, que puede variar de 9 a 38% en término de 1 a 2.5 años, si la persona no se percata y no presta atención a su cuadro clínico.

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ASPECTOS FISIOLÓGICOS DE LA REGULACIÓN PONDERAL CON EL ENVEJECIMIENTO

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(Véanse también los caps. 71 y 77.)

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En adultos saludables, el peso corporal total alcanza su máximo en el sexto decenio de la vida y por lo común permanece estable hasta el noveno decenio, después del cual poco a poco disminuye. A diferencia de ello, la masa corporal magra (sin grasa) comienza a disminuir con una velocidad de 0.3 kg por año en el tercer decenio de la vida y la rapidez del deterioro aumenta todavía más a partir de los 60 años en varones y los 65 años en mujeres. Los cambios mencionados en la masa corporal magra reflejan en gran medida la disminución en la secreción de hormona del crecimiento, que depende de la edad y, en consecuencia, las concentraciones circulantes del factor de crecimiento de tipo I insulinoide (IGF-I, insulin-like growth factor type I) que surgen con el envejecimiento normal. En ancianos sanos el aumento del tejido graso equilibra la pérdida de masa magra hasta muy avanzada la senectud, en que hay pérdida de tejido graso y del músculo estriado. Los cambios propios de la senectud también aparecen a nivel celular. Se acortan los telómeros y disminuye constantemente con el envejecimiento la masa de células corporales (la fracción no adiposa de células).

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Entre los 20 y los 80 años disminuye la ingestión de productos calóricos incluso a 1 200 kcal/día en varones y 800 kcal/día en mujeres. El poco deseo de comer traduce la disminución de la actividad física y la pérdida ...

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