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INTRODUCTIÓN

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Las montañas cubren una quinta parte de la superficie terrestre; 38 millones de personas viven en forma permanente en altitudes ≥2 400 m y 100 millones de personas viajan a sitios de grandes alturas cada año. Los esquiadores en Aspen, los peregrinos religiosos que van a Lhasa, senderistas y escaladores al Kilimanharo o al Everest, y personal militar que se despliega en localidades de grandes alturas están en riesgo de padecer mal de montaña agudo (AMS, acute mountain sickness), edema cerebral por grandes alturas (HACE, high-altitude cerebral edema), edema pulmonar por grandes alturas (HAPE, high-altitude pulmonary edema) y otros problemas relacionados con la altitud. El AMS es la variante benigna del mal de las alturas, en tanto que el HACE y el HAPE pueden poner en riesgo la vida. Es más probable que se presente el mal de las alturas a altitudes mayores de 2 500 m, pero también se ha referido incluso a alturas de 1 500 a 2 500 m.

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Ascender a una altura elevada somete al cuerpo a una disminución de la presión barométrica que provoca una reducción de la presión parcial de oxígeno del gas inspirado en los pulmones. Este cambio provoca que haya una menor presión para dirigir la difusión de oxígeno de los alvéolos a toda la cascada de oxígeno. La “respuesta de lucha” inicial normal ante tal ascenso incluye aumento de la ventilación, que es la piedra angular en el proceso de aclimatación. La hiperventilación da lugar a alcalosis respiratoria y deshidratación. La primera deprime el impulso ventilatorio durante el sueño, y en consecuencia existe respiración periódica e hipoxemia. Durante las primeras etapas de la aclimatación, se combate la alcalosis por medio de la supresión renal de anhidrasa carbónica y la excreción de orina alcalina diluida y esto tiende a llevar el pH sanguíneo a un valor normal. Otros cambios fisiológicos durante la aclimatación normal incluyen aumento del tono simpático, aumento de las concentraciones de eritropoyetina, lo que provoca incremento del valor de hemoglobina y masa eritrocítica; aumento de la densidad capilar y en el número de mitocondrias; y mayores concentraciones de 2,3-bifosfoglicerato, lo que optimiza el aprovechamiento de oxígeno. Pero, incluso con la aclimatación normal, el ascenso a grandes alturas disminuye la tolerancia máxima al ejercicio y aumenta la susceptibilidad a las lesiones por frío por la vasoconstricción periférica. Por último, si el ascenso es más rápido que la respuesta corporal de adaptación al estrés de la hipoxemia hipobárica, se presentan estados patológicos relacionados con la altura.

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MAL DE MONTAÑA AGUDO Y EDEMA CEREBRAL POR GRANDES ALTURAS

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El AMS es un síndrome neurológico caracterizado por síntomas inespecíficos (cefalea, náusea, fatiga y mareo) con escasos hallazgos físicos que aparecen 6 a 12 h después de ascender a un sitio de altura elevada. Se debe distinguir entre AMS y agotamiento, deshidratación, hipotermia, resaca alcohólica e hiponatremia. Se ha postulado que el AMS y ...

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