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INTRODUCCIÓN

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El trasplante de riñón humano es el tratamiento de elección en la insuficiencia renal crónica avanzada. En todo el mundo se han hecho decenas de miles de estas operaciones. Cuando se utilizaban azatioprina y prednisona como inmunodepresores en el decenio de 1960, los resultados con donantes familiares sometidos a las pruebas de compatibilidad adecuadas eran superiores a los obtenidos con órganos de donantes cadáveres, a saber, una tasa de supervivencia del injerto a un año de 75 a 90%, frente a 50 a 60% en el caso de órganos procedentes de cadáveres. Durante los decenios de 1970 y 1980 se observó un aumento progresivo en el número de trasplantes de cadáver que funcionaban al cabo de un año. Hoy, el injerto de cadáver tiene una supervivencia a un año de 89% y los injertos de donante vivo tienen una supervivencia a un año de 95%. Si bien la supervivencia a largo plazo se ha prolongado, este cambio no ha sido tan impresionante como la supervivencia a corto plazo y en la actualidad la esperanza de vida “promedio” (t1/2) de un injerto de donante vivo es de aproximadamente 20 años, mientras que la de cadáver es cercana a 14 años.

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Las tasas de mortalidad después del trasplante son más elevadas durante el primer año y directamente proporcionales a la edad: 2% entre los 18 y 34 años, 3% entre los 35 y 49, y 6.8% entre los 50 y 60 años o más. Estas tasas se comparan favorablemente con las de la población sometida a diálisis crónica, incluso después de ajustar el riesgo para edad, diabetes y situación cardiovascular. A veces, varios meses después de una buena función renal aparece rechazo agudo irreversible, sobre todo si el enfermo deja de tomar los inmunodepresores. Sin embargo, gran parte de los injertos sucumbe, a una velocidad variable, a un fenómeno crónico consistente en fibrosis intersticial, atrofia tubular, vasculopatía y glomerulopatía, cuya patogenia no se conoce bien. En conjunto, el trasplante devuelve a la mayoría de los enfermos una mejor calidad y esperanza de vida, si se compara con la diálisis. Se sabe que en Estados Unidos cuando menos 100 000 personas tienen riñones trasplantados y funcionales, y cuando se suman los que se han realizado en centros de otros países, esta cifra se duplica.

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ACTIVIDAD RECIENTE Y RESULTADOS

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En Estados Unidos en 2008 más de 10 500 personas habían recibido riñones de un donante fallecido y 6 000 lo recibieron de un donante vivo, y la proporción entre donantes vivos y fallecidos permaneció estable durante los últimos años. El número de casos de pacientes con nefropatía terminal (ESRD, end stage renal disease) se ha incrementado cada año y siempre se retrasa más que el número de donantes disponibles. Mientras el número de pacientes con nefropatía terminal aumenta, con la demanda de trasplantes de riñón sucede lo mismo. En el año 2008 ...

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