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El síndrome metabólico se caracteriza por resistencia a la insulina, obesidad abdominal, hipertensión arterial y anomalías lípídicas consistentes en aumento de los niveles de triglicéridos y disminución de los niveles de colesterol HDL Esta miríada de factores de riesgo es responsable de gran parte de la morbilidad de las personas obesas y con sobrepeso y de las que tienen diabetes mellitus tipo 2. Los resultados del tercer National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES III) indican que el 24% de los americanos sufren el síndrome metabólico; sin embargo, las personas ancianas tradicionalmente no están bien representadas en estos extensos estudios epidemiológicos.

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Los criterios diagnósticos del síndrome metabólico fueron definidos inicialmente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1998. El tercer Report of the National Cholesterol Education Program Expert Panel on Detection, Evaluation, and Treatment of High Blood Cholesterol in Adults (NCEP-ATP III) también desarrolló una clasificación para el síndrome metabólico que exigía al menos tres anomalías metabólicas para establecer el diagnóstico (cuadro 1). Por el contrario, la OMS exige la presencia de resistencia a la insulina y de otras dos anomalías metabólicas.

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Scuteri et al. (2005) abordaron la prevalencia del síndrome metabólico, la concordancia entre los criterios de la OMS y los del NCEP-ATP III, y sus respectivos valores predictivos de enfermedad cardiovascular en 2175 personas ancianas que participaron en el Cardiovascular Health Study (CHS). Al comienzo del estudio, la cohorte tenía una edad media de 73 años y las personas estaban libres de enfermedad cardiovascular y no necesitaban tratamientos antihipertensivo ni hipolipemiantes.

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Los criterios del NCEP-ATP III identificaron un 28.1% de personas con síndrome metabólico en comparación con el 21% según la definición de la OMS, con un grado de concordancia del 80%. De toda la cohorte, el 13.2% cumplía los criterios del NCEP-ATP III pero no los de la OMS, y un 6.2% cumplía los de la OMS pero no los del NCEP-ATP III. Las anomalías metabólicas más frecuentes de los que cumplían los criterios del NCEP-ATP III para el síndrome metabólico fueron el aumento de la obesidad abdominal y la hipertensión, mientras que la anomalía metabólica más frecuente de los que cumplían los criterios de la OMS fue la alteración de la homeostasis de la glucosa.

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En un período medio de seguimiento de 4.1 años se produjeron 464 episodios cardiovasculares, definidos como infarto agudo de miocardio o ictus. La incidencia de episodios cardiovasculares fue mayor en personas con síndrome metabólico (17.8% sin el síndrome metabólico, 27.5% con síndrome metabólico según los criterios del NCEP-ATP III, 26.6% con síndrome metabólico según los criterios de la OMS, y 34.8% que cumplían ambos criterios). Cuando se analizaron los datos con el modelo multivariante de riesgos proporcionales de Cox, el síndrome metabólico definido mediante los criterios del NCEP-ATP III, pero no por los criterios de la OMS, constituía un factor predictivo independiente de episodios cardiovasculares, asociado con un incremento de riesgo de tales episodios de un ...

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