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La hemorragia intracerebral (ICH, del inglés intracerebral hemorrhage) relacionada con anticoagulación conlleva un mayor riesgo de expansión del hematoma y de mortalidad que las ICH no relacionadas con anticoagulación. Cuando se produce la expansión del hematoma en la ICH, suele ser de inicio, generalmente mientras el paciente se encuentra en el servicio de urgencias. Se ha demostrado anteriormente que el volumen de expansión del hematoma constituye un importante factor determinante del pronóstico final. Por ello, en pacientes con ICH, la corrección rápida de la anticoagulación en urgencias  probablemente resulte crítica. Un estudio reciente (Goldstein et al., 2006) intentó averiguar, de forma retrospectiva en series consecutivas de pacientes, la rapidez con que se corrige la anticoagulación en urgencias mediante la administración de vitamina K y/o de plasma fresco congelado (FFP, del inglés fresh frozen plasma).

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A lo largo de casi 10 años, 160 pacientes acudieron a un solo centro hospitalario de nivel terciario con ICH asociada a warfarina. De éstos, en 114 casos se disponía de informes completos de urgencias. Fueron excluidos los pacientes que fueron catalogados en urgencias de "no recuperables" y aquellos en los que no se obtuvieron determinaciones de INR, quedando para el análisis sólo 69 pacientes. De estos pacientes, el 40% tomaba warfarina por fibrilación auricular, mientras que en el resto existían diferentes indicaciones cardíacas, cerebrovasculares o vasculares periféricas para la anticoagulación.

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El criterio primario de valoración que se estudió fue el éxito en la inversión de la anticoagulación (definida por un INR de 1.4 o menos) conseguido en las primeras 24 horas tras la llegada al servicio de urgencias. Los autores encontraron que la administración precoz de FFP se asoció con una recuperación satisfactoria del INR. La mediana de tiempo hasta la primera dosis de FFP fue de 90 minutos en pacientes que consiguieron una recuperación satisfactoria, en comparación con los 210 minutos de aquellos pacientes en que no se consiguió tal recuperación (p = .02). Cada bloque de 30 minutos de retraso en la administración inicial de FFP se asoció con una disminución del 20% de las probabilidades de conseguir una recuperación satisfactoria del INR. La administración rápida de vitamina K tuvo un efecto similar. Resulta interesante que la precocidad en el tratamiento y el éxito de la intervención no tuvieran ningún efecto significativo sobre el pronóstico, utilizando la puntuación de la escala pronóstica de Glasgow.

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Este estudio valoró sólo los efectos de la inversión de la anticoagulación con FFP y/o con vitamina K. Ambos métodos de inversión de la anticoagulación son llamativamente lentos. Incluso en el grupo que consiguió en este estudio una inversión satisfactoria de la anticoagulación, la mediana de tiempo hasta la administración inicial del FFP fue de 90 minutos, lamentablemente excesivo para una supuesta intervención urgente. Este retraso quizás pueda explicar parcialmente la ausencia de utilidad respecto a la mortalidad o morbilidad en este ensayo. Muchas recomendaciones actuales de las sociedades científicas urgen a los médicos que se enfrentan con una ICH en un paciente ...

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