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El aumento de la obesidad a nivel mundial está originando actualmente una pandemia de diabetes tipo 2 (T2DM), que se calcula afectará a más de 300 millones de personas en todo el mundo en el año 2025. Como la obesidad es también un factor de riesgo importante de la hipertensión, no sorprende que la inmensa mayoría de los pacientes con T2DM tengan también elevada la presión arterial. La importancia de un buen control de la presión arterial para la prevención de las complicaciones microvasculares y macrovasculares de la T2DM está bien demostrada (UKPDS, 1998), y todas las guías terapéuticas actuales recomiendan unos objetivos de cifras tensionales que son sustancialmente menores en los pacientes con diabetes que en las personas no diabéticas (Chobanian et al., 2003). Aunque estos objetivos de cifras de presión arterial sólo pueden conseguirse generalmente mediante el uso de combinaciones de múltiples fármacos, el uso de determinados antihipertensivos en los pacientes obesos diabéticos puede aportar ventajas concretas. En esta revisión, estudiamos las posibles ventajas de determinadas clases de antihipertensivos en esta población de pacientes.

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Mecanismos por los que la obesidad contribuye a la hipertensión

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Aunque no se conocen del todo los mecanismos por los que la obesidad contribuye al desarrollo de hipertensión, numerosas pruebas implican a diferentes vías neurohormonales, hemodinámicas, renales y metabólicas (fig. 1) (Sharma, 2004). El tejido adiposo visceral actúa como un órgano endocrino que produce hormonas y citocinas, como la leptina, el factor de necrosis tumoral α (TNF-α), la interleucina 6 (IL-6), la proteína C reactiva (CRP), el inhibidor del activador del plasminógeno tipo 1 (PAI-1) y los ácidos grasos no esterificados, que promueven la inflamación, el depósito de lípidos y la resistencia a la insulina. La obesidad se asocia también con una disminución regulada de la adiponectina, una proteína que aumenta la sensibilidad a la insulina e inhibe la ateroesclerosis; la disminución de la adiponectina se asocia con un aumento de los niveles de marcadores inflamatorios como la CRP y el TNF-α. En la obesidad son frecuentes las anomalías del endotelio, como una menor respuesta al óxido nítrico, probablemente como consecuencia de un aumento de la producción de endotelina 1. La activación del sistema nervioso simpático (SNS) es una manifestación típica de la obesidad y parece ser un mecanismo clave de la hipertensión relacionada con la obesidad, originando vasoconstricción periférica, alteración de la actividad barorrefleja y aumento de la presión arterial. Cabe destacar que el exceso de peso se asocia también con un aumento de la actividad del SNS renal, que contribuye a la retención de sodio y a la expansión volumétrica.

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Cada vez hay más datos que implican a la leptina, una hormona que segregan los adipocitos en proporción al grado de adiposidad, como mediador entre la obesidad y el aumento de la actividad del SNS. Los niveles plasmáticos de leptina, que suelen estar elevados en personas con hipertensión, se asocian con un aumento de la frecuencia cardíaca, la actividad plasmática de ...

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