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La rehabilitación después de un ictus se ve complicada por determinados factores, como la falta de movilidad, las dificultades de comunicación y los problemas para el cuidado personal. El dolor crónico es una complicación de los ictus infradiagnosticada y pocas veces estudiada. La mayor parte de los estudios previos sobre el dolor después de un ictus se han dirigido a diagnósticos específicos, como dolor de hombro o dolor de origen central, y la verdadera prevalencia del dolor post-ictus continúa sin conocerse. Un estudio reciente ha intentado abordar este tema utilizando una cohorte consecutiva de base poblacional de supervivientes de ictus.

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Se identificaron alrededor de 400 pacientes con un primer ictus a lo largo de un año utilizando el registro de ictus asociado con un solo hospital en Suecia. Los pacientes supervivientes fueron evaluados 4 meses y 16 meses después del comienzo del ictus, tanto en una consulta ambulatoria como mediante visitas personales a su residencia actual si físicamente les era imposible acudir a la consulta.

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Completó el estudio un total de 297 pacientes, y la mayor parte de los que salieron del mismo fue por fallecimiento (84 pacientes). De los pacientes que completaron el estudio, el 98% era independiente para sus actividades de la vida diaria antes del ictus. En el momento de la segunda revisión, el 70% era independiente, el 19 tenía una dependencia moderada y el 11 sufría una gran dependencia, según el índice de Barthel.

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El dolor se valoró utilizando una escala analógica visual que oscilaba desde 0 mm (ningún dolor) hasta 100 mm (el peor dolor imaginable); las puntuaciones se redondearon hasta los 10 mm más próximos, y se pidió a los pacientes que comunicaran su peor dolor en las 48 horas previas. Utilizando esta escala, se definió el cero como ningún dolor, del 10 al 30 como dolor leve, y del 40 al 100 como dolor moderado a intenso. A los 4 meses de seguimiento, el 32% de los pacientes refería un dolor moderado a intenso (mediana = 60 mm). Los factores que se asociaron de forma significativa con una mayor probabilidad de sufrir dolor moderado a intenso fueron una edad menor, el género femenino, una mayor puntuación basal en la National Institutes of Health Stroke Scale (NIHSS) y una hemoglobina A1c aumentada. A los 4 meses, los pacientes con dolor moderado a intenso tenían mayores probabilidades que los pacientes sin dolor o con dolor leve de tener unas puntuaciones mayores en una escala de depresión (p < .001).

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Un año después, en la segunda evaluación de los 16 meses, el porcentaje de pacientes que refería dolor moderado a intenso había disminuido al 21%, aunque estas personas referían, como grupo, un dolor más intenso que en la revisión de los 4 meses (mediana = 70 mm, p < .016). Un 47% de los pacientes refería el dolor como constante, y a un 58% le alteraba el sueño. Lamentablemente, uno de los puntos débiles de este estudio es la falta de información sobre el tiempo y duración del consumo de analgésicos por estos pacientes.

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Este estudio proporciona una imagen fija del dolor y del dolor en la evolución de los supervivientes a un ictus. El dolor es increíblemente frecuente después de un ictus y se asocia con ...

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