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Muchos pacientes con enfermedad de Parkinson se benefician considerablemente de los medicamentos dopaminérgicos como la levodopa y los agonistas dopaminérgicos. Lamentablemente, el uso prolongado de estos fármacos se ve limitado con frecuencia por una disminución de su eficacia, así como por complicaciones motoras como las discinesias y el rápido deterioro de fin de dosis de la medicación. La estimulación cerebral profunda del núcleo subtalámico o del globo pálido interno ha demostrado mejorar los síntomas motores durante al menos 5-7 años en pacientes que ya no conseguían más resultados con el tratamiento exclusivamente farmacológico. Un estudio reciente ha asignado de forma aleatoria una pauta de estimulación cerebral profunda más el mejor tratamiento médico, frente a un tratamiento sólo médico, a una serie de pacientes durante 6 meses, con mediciones de los resultados tanto motores como de calidad de vida.

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Un total de 178 pacientes fueron sometidos a una aleatorización no ciega de comparación por pares. Los pacientes eran elegibles si tenían < 75 años de edad, estaban diagnosticados de enfermedad de Parkinson al menos desde 5 años antes, tenían síntomas que alteraran sus actividades de la vida diaria a pesar de un tratamiento médico óptimo y no tenían demencia ni enfermedad psiquiátrica. Neurólogos de cada uno de los 10 centros de Europa aseguraron que los pacientes estaban siendo tratados con las mejores medidas médicas antes de su inclusión, pero los criterios de este tratamiento fueron variables. Los pacientes asignados a estimulación cerebral profunda recibieron estimulación bilateral del núcleo subtalámico, seguida del ajuste posquirúrgico de sus dispositivos de estimulación así como un tratamiento médico estandarizado variable. Los pacientes asignados al grupo de sólo medicación recibieron un tratamiento farmacológico óptimo individualizado.

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Las comparaciones por pares demostraron que aquellos sometidos a estimulación cerebral profunda combinada con tratamiento médico presentaron una mejoría significativamente mayor en la calidad de vida desde la situación basal hasta los 6 meses, en comparación con el grupo tratado sólo con medicación, según las determinaciones realizadas mediante el Parkinson’s Disease Questionnaire (PDQ-39) Summary Index (50 de los 78 pares, p = .02). La puntuación media del grupo de estimulación cerebral profunda en la PDQ-39 correspondió a un 25% de mejoría en comparación con ausencia casi completa de mejoría en el grupo tratado sólo con medicación. El grupo de estimulación cerebral más medicación también presentó una mejoría significativamente mayor en la función motora en comparación con el grupo tratado sólo con medicación, medida dicha mejoría mediante la Unified Parkinson’s Disease Rating Scale, parte III (UPDRS-III, 55 de 78 pares, p < .001); en todos los grupos, las mediciones motoras fueron realizadas estando los pacientes temporalmente sin medicación. Las medidas de parámetros secundarios demostraron que el grupo de estimulación cerebral profunda presentó una mejora de la capacidad para realizar actividades de la vida diaria y una disminución de las discinesias. Las mediciones emocionales y cognitivas no fueron significativamente diferentes entre los dos grupos, aunque estudios anteriores han suscitado preocupación sobre la posible relación entre estimulación cerebral profunda y enfermedades psiquiátricas.

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Los efectos adversos graves fueron más frecuentes en el grupo de estimulación (12.8% frente a 3.8%, p = .04). Tres pacientes murieron en este grupo, uno por suicidio, otro por hemorragia intracerebral durante la cirugía y otro por neumonía. En el grupo tratado sólo con medicación, se produjo una muerte por accidente de tráfico.

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Este estudio se añade a la gran profusión de datos que apoyan el uso de la estimulación cerebral profunda en pacientes cuidadosamente seleccionados. Éste es uno de los primeros ensayos que utiliza una medición de la calidad de vida como criterio primario de valoración, permitiendo que los pacientes consideren ahora estas mejoras en su calidad de vida cuando valoren los posibles riesgos de esta técnica neuroquirúrgica. Entre las limitaciones del estudio está su diseño no ciego. Un estudio que incluyera cirugía fantasma o un estudio en el que se implantara un dispositivo de estimulación, pero se mantuviera apagado, podría mejorar el diseño, aunque habría que resolver los aspectos éticos de estos métodos. Los médicos deben interpretar este estudio como un respaldo más a la estimulación cerebral profunda como opción razonable para algunos de sus pacientes con enfermedad de Parkinson avanzada. Cuando se considere esta opción, debe remitirse al paciente a especialistas en trastornos ...

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