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Desde la publicación de un ensayo controlado con placebo y aleatorizado, es habitual el tratamiento adyuvante con dexametasona en los adultos con meningitis bacteriana. En este ensayo del año 2002, la administración de dexametasona, simultánea o previa al tratamiento con antibióticos, redujo tanto la mortalidad como la evolución clínica desfavorable. Una inquietud que han planteado los modelos de meningitis bacteriana en animales es que la dexametasona podría causar muerte neuronal en el hipocampo, con efectos cognitivos a largo plazo. Para investigar esta hipótesis, los autores de una publicación reciente reclutaron a un subgrupo de pacientes procedentes del European Dexamethasone Study original para que participaran en un estudio minucioso de seguimiento.

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Se incluyó un total de 87 pacientes del ensayo original (46 tratados con dexametasona y 41 tratados con placebo) con una mediana de tiempo transcurrido desde la meningitis de 99 meses (intervalo de 30 a 146 meses). Se reclutó un tercer grupo de control de 50 pacientes sin antecedentes de meningitis de entre los familiares de los participantes en el estudio. Las características clínicas de los dos grupos del ensayo fueron similares, incluidas la edad en el momento de la meningitis, la escala de evolución de Glasgow en el momento del alta hospitalaria y los resultados de las pruebas de laboratorio, como el organismo causante y los valores medios de recuento leucocitario, glucosa y proteínas en el LCR. Los pacientes de este estudio de seguimiento fueron sometidos a pruebas audiológicas, una exploración neurológica completa y una batería de pruebas neuropsicológicas con evaluación de seis dominios cognitivos: memoria, inteligencia, lenguaje, función ejecutiva,  atención y función psicomotora.

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El porcentaje de pacientes con pérdida de audición o déficit neurológicos focales en los grupos de dexametasona y de placebo fue similar. Las pruebas neuropsicológicas no pusieron de manifiesto diferencias significativas globales ni en dominios cognitivos específicos entre los grupos de dexametasona y de placebo. Sin embargo, el 13% de los pacientes con antecedentes de meningitis presentaba alguna alteración cognitiva, lo que resalta la trascendencia de evaluar esta importante complicación como  criterio principal de valoración en futuros ensayos terapéuticos sobre meningitis. Cuando los grupos fueron subdivididos según los agentes patógenos, los pacientes con meningitis neumocócica presentaron una tasa mayor de disfunción cognitiva en comparación con los que habían padecido meningitis meningocócica.

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El sesgo de selección constituye una limitación importante de este estudio. Los autores excluyeron a los pacientes que habían fallecido, que tenían otras enfermedades o que vivían fuera de Holanda. Además, otro 12% de pacientes candidatos rehusó participar. Estas exclusiones notables pueden haber eliminado a aquellos pacientes del ensayo original más vulnerables a una disfunción cognitiva incapacitante como secuela.

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A pesar de estas limitaciones, los médicos pueden utilizar este estudio para convencerse de que la administración temprana de dexametasona a los pacientes con una probable meningitis bacteriana no ocasiona disfunción cognitiva largo plazo. La todavía alarmante tasa de alteración cognitiva en los supervivientes de meningitis bacteriana sirve para recordarnos una vez más que este trastorno sigue necesitando nuevos tratamientos, a pesar de los recientes avances en terapéutica antimicrobiana y antiinflamatoria.

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De Gans J et ...

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