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La presión atmosférica ambiental disminuye al aumentar la altitud originando una disminución de la presión parcial del oxígeno inspirado. En grandes altitudes, los seres humanos se adaptan a la hipoxia hipobárica principalmente mediante un aumento de la ventilación. Otros cambios barométricos fisiológicos de la aclimatación normal comprenden la disminución del volumen plasmático, el aumento del tono simpático, el aumento de la masa eritrocitaria secundaria al aumento de la eritropoyetina, y el aumento de la densidad capilar y de las mitocondrias de los tejidos.  En las personas que ascienden a grandes altitudes de forma rápida, el fracaso del cuerpo para adaptarse al estrés de la hipoxia hipobárica puede ocasionar mal de altura agudo (AMS, del inglés acute mountain sickness), edema cerebral de grandes alturas (HACE, del inglés high altitude cerebral edema) o edema pulmonar de grandes alturas (HAPE, del inglés high altitude pulmonary edema).

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Mal de altura agudo

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El mal de altura agudo (AMS) es un síndrome neurológico que aparece en el día siguiente a la ascensión a altitudes superiores a los 2000 m y se caracteriza por cefalea y uno o más síntomas de alteración gastrointestinal (anorexia, naúseas o vómitos), fatiga o debilidad, mareo o sensación de vahído, o dificultad para dormir. Algunas personas presentan signos de retención de líquidos con edema facial o periférico, o crepitantes en la auscultación pulmonar, aunque estos signos pueden aparecer también tras la ascensión a grandes alturas en ausencia de AMS. Los síntomas del AMS suelen resolverse interrumpiendo el ascenso y descansando,  pero el AMS puede progresar a un HACE potencialmente letal, que es la evolución grave de los procesos fisiopatológicos cerebrales que tienen lugar en el AMS. Los síntomas de AMS indican un síndrome neurológico primario y en el AMS grave se observa edema crebral.

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La susceptibilidad al AMS aumenta cuanto mayor es la altura y la velocidad de ascensión. Presenta AMS un 15 a 25% de los viajeros que ascienden desde pocos metros sobre el nivel del mar hasta 2000 o 3000 m (Honigman, Theis et al., 1993), y aparece en dos terceras partes de los alpinistas que ascienden rápidamente desde el nivel del mar hasta 4400 m en un plazo de 2 a 3 días (Larson, Roach et al., 1982). Aumentan la susceptibilidad a presentar AMS el antecedente de haber sufrido ya AMS, la residencia habitual en altitudes inferiores a 900 m y la obesidad. La buena forma física no protege frente al AMS. Los varones y las mujeres tienen la misma susceptibilidad. La incidencia en niños es similar a la de los adultos, pero los ancianos son menos susceptibles al AMS.

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La mejor estrategia para prevenir el AMS es una ascensión progresiva para dar tiempo al organismo a aclimatarse. Está comprobada la eficacia de la profilaxis farmacológica con acetazolamida o dexametasona para prevenir el AMS (cuadro 1) y se recomienda para aquellas personas que sufren AMS recurrente al subir a grandes alturas o aquellas que ...

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