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Más de 3 millones de estadounidenses y 170 millones de personas en todo mundo padecen una hepatitis C crónica. Esta infección puede, a su vez, causar daño hepático y fibrosis progresivos que conducen a la cirrosis, a una hepatopatía terminal y, algunas veces, a un carcinoma hepatocelular. El tratamiento con peginterferón y con rivabirina durante 24 a 48 semanas consigue una disminución mantenida del RNA del virus (lo que se conoce como respuesta virológica mantenida) con resolución de la hepatitis crónica en casi la mitad de los pacientes. Lamentablemente, existen pocas opciones terapéuticas para aquellos pacientes que no presentan una respuesta virológica mantenida. Aunque hace poco se han descrito algunos inhibidores nuevos y potentes de la proteasa y la polimerasa del virus de la hepatitis C (HCV), actualmente ninguno está disponible para su uso terapéutico.

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En consecuencia, la estrategia frente a la hepatitis C crónica en pacientes sin respuesta virológica mantenida con el tratamiento inicial ha consistido en el mantenimiento prolongado con peginterferón. Sin embargo, no se ha demostrado que este fármaco haya conseguido mejorar los parámetros histológicos ni clínicos de la hepatitis C. Por este motivo, DiBisceglie et al. (2008) realizaron un amplio ensayo prospectivo controlado y aleatorizado sobre el tratamiento prolongado con peginterferón en pacientes con hepatitis C avanzada que no habían presentado una respuesta virológica mantenida con un ciclo previo de tratamiento con interferón. Según el estadio de fibrosis, se clasificó a 1050 pacientes, que fueron revisados a intervalos de 3 meses y con biopsia hepática al cabo de 1.5 y 3.5 años tras la aleatorización. El criterio principal de valoración fue la progresión de la hepatopatía (en forma de mortalidad, carcinoma hepatocelular o descompensación hepática) o, para aquellos pacientes con fibrosis en puente inicial, la confirmación de un aumento de la puntuación de fibrosis de Ishak en dos o más puntos. Estos investigadores asignaron aleatoriamente a los pacientes a recibir peginterferón (517 pacientes) o ningún tratamiento (533 pacientes) durante 3.5 años.

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Con el tratamiento disminuyeron de forma significativa los niveles séricos de aminotransferasas y de RNA del virus de la hepatitis C, así como las puntuaciones histológicas de necroinflamación. Sin embargo, no se produjeron diferencias significativas entre los grupos en la tasa de ninguno de los criterios principales de valoración (34.1% en el grupo del tratamiento frente al 33.8% en el grupo control). El porcentaje de pacientes con al menos un efecto adverso grave fue comparable (38.6% en el grupo de tratamiento y 31.8% en el grupo control).

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Los autores concluyen que la administración prolongada de peginterferón parece ser ineficaz para prevenir la progresión clínica e histológica de la enfermedad. Estos autores consideran que el tratamiento de mantenimiento prolongado con peginterferón no está indicado en los pacientes con fibrosis avanzada asociada a la hepatitis C, con o sin cirrosis, que no han respondido a un ciclo estándar de peginterferón más rivabirina. Teniendo en cuenta que el tratamiento de mantenimiento es caro y puede tener efectos secundarios físicos y psicológicos graves, su uso en estos pacientes parece que es tanto ineficaz como potencialmente perjudicial.

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