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Con frecuencia se administran inhibidores de la glucoproteína IIb/IIIa para minimizar las complicaciones isquémicas en los pacientes que presentan infarto de miocardio con elevación del segmento ST (STEMI) y se someten a una intervención coronaria percutánea primaria. Aunque estos fármacos reducen el riesgo isquémico, aumentan considerablemente el riesgo hemorrágico, lo que contribuye a la mortalidad temprana y tardía. Por esta razón, los investigadores han estudiado estrategias antitrombóticas alternativas que puedan mejorar el riesgo trombótico a la vez que minimizan las complicaciones hemorrágicas. 

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La bivalirudina es un inhibidor directo de la trombina que se utiliza con frecuencia como alternativa a la heparina en pacientes con trombocitopenia asociada a la heparina y trombosis. Como antitrombótico potente, la bivalirudina ha sido comparada prospectivamente con la heparina y un inhibidor de la glucoproteína IIb/IIIa en el ensayo Harmonizing Outcomes with Revascularization and Stents in Acute Myocardial Infarction (HORIZONS-AMI) (Stone et al., 2008). En este estudio abierto, los pacientes tratados con bivalirudina presentaron tasas de episodios isquémicos similares a las de los tratados con heparina y un inhibidor de la glucoproteína IIb/IIIa, pero una mejor supervivencia global y menos episodios hemorrágicos importantes y de trombocitopenia, todo ello a los 30 días. Recientemente, se diseñó un estudio a partir del ensayo HORIZONS-AMI para determinar si se mantenían esos beneficios al año (Mehran et al., 2009).

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Al año del inicio del estudio, estaban disponibles los datos de 1696 pacientes de los 1800 pacientes originales del grupo de la bivalirudina y de 1702 pacientes de los 1802 pacientes originales del grupo de la heparina más un inhibidor de la glucoproteína IIb/IIIa. El punto clave que resume este estudio es que los beneficios observados a los 30 días en el informe original se mantenían al año. La tasa neta de episodios clínicos adversos (hemorragia importante o combinación de episodios cardiovasculares mayores, como muerte, reinfarto, necesidad de revascularización de los vasos diana por isquemia o ictus) fue significativamente menor en el grupo de la bivalirudina que en el de la heparina más un inhibidor de la glucoproteína IIb/IIIa (HR, del inglés hazard ratio, 15.6% frente a 18.3%; p = .022); la tasa de hemorragia mayor fue significativamente inferior en el grupo de la bivalirudina que en el de la heparina más un inhibidor de la glucoproteína IIb/IIIa (HR, 5.8% frente a 9.2%; p < .001); la tasa de episodios adversos cardiovasculares mayores no fue diferente entre los dos grupos (HR, 11.9% para ambos grupos); y la mortalidad cardiovascular al año (HR, 2.1% frente a 3.8%; p = .005) y la mortalidad por todas las causas (HR, 3.5% frente a 4.8%; p = .037) fueron significativamente menores en el grupo de la bivalirudina que en el de la heparina más un inhibidor de la glucoproteína IIb/IIIa.

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Estos datos demuestran que los claros beneficios clínicos observados a los 30 días del inhibidor directo de la trombina (bivalirudina) respecto a la  heparina más el tratamiento inhibidor de la glucoproteína IIb/IIIa se mantenían al cabo del año. Los resultados sugieren la necesidad de modificar las estrategias recomendadas para el tratamiento antitrombótico de los pacientes sometidos a intervención coronaria percutánea con el fin de optimizar el beneficio antiisquémico del tratamiento a la vez ...

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