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Desde siempre, han sido limitadas las opciones terapéuticas en pacientes con estenosis aórtica sintomática en los que no está indicada la sustitución quirúrgica de la válvula. Aunque la valvuloplastia percutánea con globo puede aliviar parcialmente la fisiología obstructiva en pacientes con contraindicaciones quirúrgicas temporales, los beneficios de tal procedimiento suelen ser efímeros. En consecuencia, los pacientes de alto riesgo quirúrgico se han encontrado tradicionalmente ante la opción entre cuidados paliativos, con una expectativa de vida limitada (del orden de 1-3 años), y una intervención quirúrgica de alto riesgo. En casos en que la morbilidad y la mortalidad perioperatorias parecen excesivas, se suele considerar insostenible la opción quirúrgica, quedando sólo los cuidados paliativos.

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En la actualidad, los avances en el tratamiento mediante catéter de las lesiones valvulares estenóticas ofrecen a esos pacientes una opción diferente, como lo demostró el estudio PARTNER (Placement of Aortic Transcatheter Valve) (Leon et al., 2010). Usando el índice de predicción de riesgo de la Society for Thoracic Surgeons, así como otros factores de riesgo de morbimortalidad perioperatoria bien conocidos (p. ej., aorta de porcelana, neumopatía dependiente de oxígeno), los investigadores identificaron a 358 pacientes con estenosis aórtica grave que no eran candidatos a sustitución valvular quirúrgica. Se les distribuyó de manera aleatoria para que se sometieran a “tratamiento habitual” o implantación de una válvula aórtica a través de catéter (TAVI, del inglés transcatheter aortic valve implantation) con la válvula de pericardio bovino SAPIEN de Edwards. El tratamiento habitual consistió principalmente en valvuloplastia aórtica con globo, que se practicó en el 83.7% de los pacientes aleatorizados a tratamiento habitual; aproximadamente dos tercios de las valvuloplastias se realizaron en el primer mes tras la aleatorización. Otro 9.5% de los pacientes de tratamiento habitual se sometió a cirugía de sustitución valvular (con conducto aórtico en un tercio de los casos); y un 2.2%, a TAVI en un centro que no participaba en el PARTNER. En el grupo total de TAVI, no se pudo realizar el procedimiento en el 4% de los casos. Las complicaciones en las primeras 24 horas tras la TAVI fueron pocas, pero incluyeron dos defunciones (1.1%), una embolización de la válvula, tres ictus mayores y la necesidad de reimplantación valvular en dos casos. Tras la TAVI se observó con mayor frecuencia pérdida paravalvular (~10%) que regurgitación transvalvular (~4%). No se apreciaron diferencias en la mortalidad a los 30 días entre los grupos de tratamiento (5.0% en el grupo de TAVI y 2.8% con el tratamiento habitual, p = .41), mientras que la mortalidad por todas las causas al año fue del 30.7% para los pacientes con TAVI y 50.7% para los del tratamiento habitual (p < .001; hazard ratio -HR-, 0.55). Cabe destacar que la mortalidad al año de los pacientes cuyo tratamiento habitual incluyó procedimientos quirúrgicos fue del 33% para el caso de la sustitución valvular aislada y del 80% para la sustitución valvular con conducto. La mortalidad cardiovascular al año fue del 11.2% para los pacientes con TAVI y del ...

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