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Se ha demostrado la eficacia de la hipotermia terapéutica en la prevención del daño neurológico tras algunas formas de paro cardiaco. Los resultados iniciales suscitaron entusiasmo por la realización de estudios de hipotermia en diversas lesiones cerebrales, con idea de que podía funcionar como neuroprotector en general. Los traumatismos craneoencefálicos son causa frecuente de discapacidad en personas jóvenes y se necesitan con urgencia medidas que eviten lesiones neurológicas permanentes. No han podido demostrarse beneficios con aplicaciones previas de hipotermia por traumatismo craneoencefálico, pero es verdad que se retrasó mucho la obtención de la temperatura objetivo, a lo que algunos han atribuido la falta de éxito. Un reciente estudio (Clifton et al., 2010) se propuso examinar si la hipotermia muy precoz sería eficaz en pacientes con traumatismo craneoencefálico grave.

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Los autores llevaron a cabo un estudio aleatorizado multicéntrico de hipotermia en pacientes con edades comprendidas entre 16 y 45 años que no obedecieran órdenes tras una lesión cerebral no penetrante. Se distribuyó a los pacientes de manera aleatoria en las 2.5 horas posteriores a la lesión para someterlos a hipotermia a 33 °C o normotermia durante 48 horas. Fueron criterios de exclusión el embarazo, la hipotensión arterial o una puntuación de la Escala de Coma de Glasgow menor de 4 o mayor de 8. En los pacientes asignados a hipotermia, se consiguió la temperatura objetivo mediante un sistema de enfriamiento superficial, cristaloides helados y lavado gástrico con agua fría. A todos los pacientes de este grupo se les administraron miorrelajantes, mientras que a los del grupo de normotermia sólo si era necesario. Se utilizó reanimación intensiva con líquidos para evitar la hipotensión.

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Se llegaron a incluir 97 pacientes antes de interrumpirse el estudio en un tiempo más corto de a lo previsto debido a un análisis de futilidad previsible. El tiempo medio para conseguir una temperatura de 35 °C fue de 2.6 horas en el grupo de la hipotermia y se tardaron hasta 4.4 horas en alcanzar la temperatura objetivo de 33 °C. Se constató una evolución clínica desfavorable (discapacidad grave, estado vegetativo o muerte) a los 6 meses -definida mediante la puntuación de la escala de Glasgow de pronóstico funcional-, en 31 de los 52 pacientes (60%) del grupo de la hipotermia y en 25 de los 56 pacientes (45%) sujetos a normotermia (riesgo relativo, 1.08; intervalo de confianza al 95%, 0.76–1.53; p = .067). No se observaron diferencias significativas de mortalidad entre los dos grupos.

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Tampoco se observaron diferencias significativas en cuanto a distintas complicaciones estudiadas, como complicaciones neurológicas, infección y tasas de hemorragia. La única excepción fue una mayor frecuencia de episodios de aumento de la presión intracraneal en el grupo de la hipotermia (p = .003). No está clara la explicación de este hallazgo, ya que la hipotermia suele provocar una disminución de la presión intracraneal. Los autores especulan que la causa fuera la reanimación intensiva con fluidoterapia usada en el grupo de hipotermia con intención de evitar la hipotensión.

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La hipotermia se aplicó de forma eficaz a un grupo de pacientes con lesiones cerebrales ...

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