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Aunque se han realizado grandes esfuerzos por limitar la exposición de los seres humanos al humo del tabaco, la incidencia de su consumo sigue siendo elevada internacionalmente y, por consiguiente, existe una gran población de no fumadores sometidos a riesgo por tabaquismo pasivo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) presentó un tratado de salud pública con el objetivo de implementar medidas para proteger a los ciudadanos de esta exposición, medidas que han sido adoptadas por 60 países. Se ha considerado que los riesgos del tabaquismo pasivo son importantes, pero la percepción pública de este importante riesgo ha sido desigual.

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Öberg et al. (2011) realizaron la primera evaluación de la carga mundial de enfermedad por tabaquismo pasivo mediante un análisis retrospectivo de datos de 192 países. La evaluación se realizó para 2004, que era el año más reciente en el que se disponía de datos adecuados para su análisis. Se hicieron evaluaciones de riesgo comparativas para calcular la mortalidad y los años de vida ajustados por discapacidad en niños y adultos no fumadores. Sorprendentemente, encontraron que el 1% de la mortalidad mundial (por enfermedades como cardiopatía isquémica en no fumadores, infecciones de vías respiratorias bajas, asma y cáncer de pulmón) se podía atribuir a la exposición pasiva al humo del tabaco, con una carga desproporcionada sobre la mortalidad infantil producida en gran parte por la aparición de infecciones respiratorias y asma. Además, hubo una carga de mortalidad desproporcionada en mujeres expuestas de forma pasiva al humo del tabaco.

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A pesar de las limitaciones inherentes a este tipo de análisis tan amplio, es llamativo el impacto descrito de la exposición pasiva al humo del tabaco. Más allá de las implicaciones médicas de estos datos, los problemas de salud pública son importantes, tanto para implementar estrategias que protejan a la población en general como para extender la protección a los individuos vulnerables fuera del ambiente público, como es el caso de los niños expuestos en su domicilio. Ciertamente, estos resultados deben recordar e inspirar a los proveedores de servicios sanitarios para que sigan aconsejando y apoyando a sus pacientes, con el fin de que dejen de fumar, e implementando estrategias para evitar la exposición pasiva al humo del tabaco.

Öberg M et al. Worldwide burden of disease from exposure to second-hand smoke: a retrospective analysis of data from 192 countries. Lancet 2011;377:139.

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