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Muchas mujeres utilizan antiepilépticos (AE) durante el embarazo, no solo para el control de crisis sino también para la gran variedad de trastornos que se tratan con estos fármacos, como la enfermedad bipolar, la migraña y el dolor neuropático. Están bien documentados los efectos teratógenos de los AE de antigua generación, pero se sabe menos sobre los riesgos para la salud fetal de los de nueva generación. Por lo tanto, la reciente publicación de un estudio poblacional realizado en Dinamarca aporta información que será bien recibida por los médicos en ejercicio (Molgaard-Neilsen et al., 2011).

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Los autores utilizaron el Medical Birth Registry de Dinamarca, que contiene registros de todos los nacidos vivos. La cohorte estudiada incluyó a 837 795 daneses nacidos vivos desde 1996 a 2008. Posteriormente, se usaron varios registros de pacientes para determinar la información sobre las prescripciones hechas a las madres gestantes y las anomalías congénitas de sus hijos.

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En total, 1532 niños de la cohorte estuvieron expuestos a lamotrigina, oxcarbazepina, gabapentina, topiramato o levetiracetam durante el primer trimestre. De ellos, 49 (3.2%) nacieron con un defecto congénito mayor, frente a los 19 911 de los 836,263 (2.4%) embarazos no expuestos: odds ratio de prevalencia -POR-, 1.35; intervalo de confianza (IC al 95%), 1.02–1.80. Tras ajustar por aquellas covariables que cambiaron la POR un 10% o más (exposición materna a AE de primera generación durante el primer trimestre y diagnóstico materno de epilepsia), dejó de existir una asociación significativa entre los fármacos de última generación y los defectos congénitos (POR, 0.99; IC al 95%, 0.72–1.36).

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El estudio de cada uno de los fármacos produjo resultados similares. Por ejemplo, con modelado bruto la lamotrigina —el AE de nueva generación más prescrito en la cohorte— pareció asociarse de forma significativa a defectos congénitos, pero la asociación ya no fue significativa después del ajuste (POR, 1.18; IC al 95%, 0.83–1.68). Se observó un resultado ajustado similar con la oxcarbazepina (POR, 0.86; IC al 95%, 0.46–1.59). Los resultados con los otros tres nuevos AE también fueron tranquilizadores, pero dado el pequeño número de mujeres expuestas a esos fármacos en particular, no se pudo llegar a conclusiones definitivas similares respecto al topiramato o a la gabapentina.

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Los evidentes puntos fuertes del estudio incluyen el sólido conjunto de datos que abarcó a todos los nacidos vivos en Dinamarca, con datos igualmente robustos sobre medicación y defectos congénitos. Sin embargo, cabe señalar algunas limitaciones importantes. Solo se estudió a los nacidos vivos, de manera que no se contaron los fetos de abortos espontáneos o electivos y pudo pasar desapercibido algún efecto sobre la salud fetal intrauterina. Se realizó un cribado de defectos congénitos usando una base de datos europea que pudo no haber capturado los defectos identificados por médicos de atención primaria que no fueron remitidos a especialistas. Los defectos clasificados como "menores" también fueron excluidos del análisis y no se trataron en este estudio.

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Otros estudios de registro que habían analizado el tema ...

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