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La esclerosis múltiple recidivante remitente (RRMS, del inglés relapsing-remitting multiple sclerosis) se caracteriza por episodios de inflamación del sistema nervioso central, y en la última década han aparecido muchos fármacos nuevos y potentes dirigidos a esa respuesta inflamatoria. Aunque muchos de tales fármacos, el natalizumab por ejemplo, se han centrado en la biología de los linfocitos T, se cree que los linfocitos B también tienen un papel en la patogenia de la MS, mediante mecanismos tanto dependientes de los anticuerpos como independientes de los mismos. Estudios satisfactorios previos de rituximab, un anticuerpo monoclonal dirigido contra el CD20 de la superficie de los linfocitos B, han servido para poner a prueba el concepto de esta diana terapéutica en la MS. Un reciente estudio (Kappos et al., 2011) ha examinado el ocrelizumab, otro tratamiento selectivo anti-CD20 que se cree asociado a mayores efectos citotóxicos mediados por células que el rituximab; además, se espera que el ocrelizumab, una molécula humanizada, sea menos inmunógena en administración reiterada que el rituximab, un anticuerpo monoclonal quimérico.

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Se llevó a cabo un estudio comparativo multicéntrico, aleatorizado, con placebo y doble enmascaramiento, en 79 centros de 20 países. Se incluyó a pacientes si tenían entre 18 y 55 años y habían sido diagnosticados de RRMS. Los candidatos tenían que haber padecido 2 o más recidivas en los 3 años previos (al menos una en el último año) y presentar signos de enfermedad activa, con 6 o más lesiones en T2 por MRI o antecedentes de dos recidivas en el año inmediatamente anterior a la inclusión. Los pacientes, todos ellos tras varias semanas de suspender cualquier fármaco frente a la MS, se sometieron a cuatro ciclos de tratamiento de 24 semanas. En el primer ciclo descrito, se distribuyó aleatoriamente a los pacientes en una proporción 1:1:1:1 para recibir placebo, goteo IV de ocrelizumab en dosis baja o alta (600 mg o 1200 mg) los días 1 y 15, o interferón β-1a IM (30 µg). En la semana 24, todos los grupos recibieron 600 mg de ocrelizumab, excepto el grupo de altas dosis de ocrelizumab, que recibió otros 1000 mg. El criterio primario de evaluación fue el número total de lesiones que captaban gadolinio en las imágenes de resonancia magnética cerebral de las semanas 12, 16, 20 y 24.

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Se distribuyó de manera aleatoria a 220 pacientes, y 204 (93%) completaron el periodo inicial de estudio de 24 semanas. En comparación con el placebo, las reducciones relativas de las lesiones captadoras de gadolinio fueron 89% [intervalo de confianza (IC) al 95%, 68–97; p < .0001] en el grupo del ocrelizumab en dosis baja y 96% (IC al 95%, 89–99; p < .0001) en el de ocrelizumab en dosis alta. Las tasas anualizadas de recidiva en 24 semanas se redujeron en 80% (IC al 95%, 45–99) en el grupo de dosis bajas y 73% (IC al 95%, 29–97) en el de dosis altas de ocrelizumab con respecto al placebo. De manera similar, se observó escasa actividad de la enfermedad en los grupos del interferón y del placebo solo después de que recibieran un único ciclo de tratamiento con ocrelizumab.

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Se observaron efectos adversos graves en un paciente del grupo de ocrelizumab en dosis bajas, dos pacientes del grupo del interferón, otros dos del grupo del placebo y tres pacientes más del grupo del ocrelizumab en dosis altas. Falleció un paciente que recibía ocrelizumab en dosis elevadas. Las reacciones a la administración IV fueron leves o moderadas utilizando un protocolo de tratamiento con esteroides antes de cada goteo (que también se utilizó en los grupos sin ocrelizumab ...

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