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La psicosis y la agitación son algunas de las complicaciones de la enfermedad de Alzheimer más molestas para los pacientes y sus cuidadores y, a menudo, provocan el ingreso en una institución en régimen residencial así como el aislamiento progresivo de los seres queridos. Se han realizado numerosos estudios sobre la eficacia de distintos fármacos en el tratamiento de estos problemas, en general con resultados desalentadores. Los antipsicóticos solo han mostrado una eficacia moderada y en algunos estudios ningún efecto significativo. Además, la Food and Drug Administration estadounidense ha emitido un recuadro negro de advertencia sobre el uso de esos fármacos en ancianos debido al aumento de mortalidad observado en grandes estudios epidemiológicos. A pesar de esas limitaciones, los antipsicóticos se usan mucho para tratar la agitación y la psicosis en estos pacientes; Devanand et al. (2012) estudiaron si con una estrategia de uso breve aparecerían complicaciones al suspender la administración.

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Se incluyó a pacientes de clínicas de demencia con edades comprendidas entre los 50 y los 95 años y que cumplieran los criterios de probable enfermedad de Alzheimer. Los candidatos tenían una puntuación en el Neuropsychiatric Inventory (NPI) mayor de 3 en las subescalas de psicosis o de agitación-agresividad, así como una puntuación menor de 27 en la Mini-Mental State Examination. Tras un periodo de reposo farmacológico de una semana, se prescribió risperidona sin enmascaramiento a 180 pacientes durante 16 semanas, aumentando la dosis hasta 3 mg diarios según la respuesta y los efectos secundarios. Posteriormente, los pacientes que respondieron al tratamiento fueron distribuidos de manera aleatoria para continuar con risperidona durante 32 semanas, con risperidona durante 16 semanas seguidas de 16 semanas de placebo o con placebo durante 32 semanas. El criterio primario de valoración fue el tiempo transcurrido hasta la recaída de la psicosis o de la agitación en los pacientes en la fase de aleatorización con doble enmascaramiento.

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De los 180 pacientes, 112 (62%) respondieron al tratamiento inicial con risperidona sin enmascaramiento basándose en escalas estandarizadas que demostraron una reducción de los síntomas de psicosis y agitación. En la segunda fase, se distribuyó aleatoriamente a 110 de los 112 respondedores. En el primer periodo de 16 semanas, la tasa de recaída fue significativamente más alta en los que recibieron placebo que en los que siguieron el tratamiento con risperidona [60% frente a 33%; p = .004; hazard ratio (HR) con placebo, 1.94; intervalo de confianza (IC) al 95%, 1.09–3.45; p = .02]. En el siguiente periodo de 16 semanas, la tasa de recaída fue significativamente más elevada en los que cambiaron de risperidona a placebo que en los que siguieron con risperidona (48% frente a 15%; p = .02; HR, 4.88; IC al 95%, 1.08–21.98; p = .02). Las tasas de efectos adversos o de mortalidad no fueron diferentes, pero el estudio careció de la potencia necesaria para detectar diferencias en estos parámetros.

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Es importante mencionar las elevadas tasas de interrupción de ...

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