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Por lo general, el ictus afecta de manera preferente a personas mayores, pero hasta un 10% de los casos se dan en pacientes menores de 50 años. Algunos de esos ictus pueden ser debidos a traumatismos o a otras situaciones poco comunes que no es probable que se repitan pero, de hecho, muchos pueden ser causados por trastornos subyacentes que pueden afectar a la mortalidad a largo plazo, una observación que contrasta con la noción bien asentada de la relativa benignidad de la evolución natural del ictus en jóvenes. Rutten-Jacobs et al. (2013) estudiaron la mortalidad a largo plazo en pacientes con ictus de 18 a 50 años de edad.

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Se incluyó a todos los pacientes consecutivos de entre 18 y 30 años que se presentaron a lo largo de 30 años en un centro de los Países Bajos con accidente isquémico transitorio (TIA), ictus isquémico o hemorragia intracerebral (ICH, del inglés intracerebral hemorrhage); excluyendo a los que tenían antecedentes de episodios cerebrovasculares, con lo que se limitó el análisis a los primeros episodios. El seguimiento se realizó hasta la muerte o hasta la conclusión del estudio. Solo se incluyó en el análisis de supervivencia a los pacientes que superaron los primeros 30 días tras el ictus. Se generó la mortalidad esperada examinando datos de mortalidad de toda la población de los Países Bajos estratificada por edad, sexo y años en situación de riesgo.

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En total, se identificó a 959 pacientes, 262 (27.3%) con TIA, 606 (63.2%) con ictus isquémico y 91 (9.5%) con ICH. El seguimiento medio en la cohorte fue de 11.1 años (DE, 8.7) y la tasa de seguimiento del 97%. Durante el seguimiento murieron 192 pacientes (20%). La mortalidad anual observada en los pacientes con TIA osciló entre 0.4% y 1.5%, con una mortalidad acumulada a los 20 años del 24.9% [intervalo de confianza (IC) al 95%, 16.0–33.7]. En pacientes con ictus isquémico, la mortalidad anual osciló del 1.2% al 1.8%, con una mortalidad acumulada a los 20 años del 26.8% (IC al 95%, 21.9–31.8). En la ICH, la mortalidad anual varió entre 0.6% y 2.9%, con una mortalidad acumulada a los 20 años del 13.7% (IC al 95%, 3.6–23.9).

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La mortalidad observada en toda la cohorte fue mayor que la esperada (26.8% y 7.6%, respectivamente). En el TIA, este aumento de la mortalidad solo se observó tras los primeros 10 años de seguimiento. En la ICH, el cálculo inferior del intervalo de confianza se superpuso con la mortalidad esperada a lo largo de todo el período estudiado. En pacientes con ictus isquémico, tras ajustar por edad y sexo, el subtipo cardioembólico se asoció con mortalidad, aunque la mortalidad observada superó a la esperada en todos los subtipos etiológicos de ictus.

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La causa de la muerte fue de naturaleza vascular en el 34% de los pacientes con TIA y en el 55% de los pacientes con ictus isquémico. No ...

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