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Aunque los pacientes con ictus isquémico se pueden beneficiar de una hipertensión "permisiva" en la fase aguda, las directrices actuales proponen una reducción moderada de la tensión arterial en la hemorragia intracerebral aguda. La reducción tensional en estos casos puede disminuir el crecimiento del hematoma, pero sigue preocupando que una reducción demasiado enérgica pueda producir isquemia secundaria y empeorar los resultados clínicos. Recientemente, Anderson et al. (2013) compararon en un importante estudio una estrategia de reducción agresiva de la tensión arterial con la reducción más modesta requerida actualmente en diversos protocolos.

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Se llevó a cabo un estudio prospectivo, aleatorizado, abierto, con enmascaramiento de criterios de valoración, internacional y multicéntrico. Los pacientes a los que se pudo aplicar reducción tensional en las seis primeras horas tras la hemorragia y que hubieran presentado inicialmente una tensión arterial sistólica entre 150 y 220 mmHg fueron distribuidos al azar para ser sometidos bien a reducción de la tensión arterial en una hora con el fin de mantener la tensión arterial sistólica por debajo de 180 mmHg o bien a un método más agresivo para lograr una tensión sistólica menor de 140 mmHg. Para la reducción tensional se podían utilizar fármacos a discreción del médico y era preciso mantener el nivel de tensión "diana" durante al menos siete días. Posteriormente, todos los pacientes recibieron antihipertensivos por vía oral (se prefirió una combinación de un diurético y un inhibidor de la ECA) empezando al cabo de 7 días para alcanzar una tensión arterial menor de 140 mmHg en el seguimiento y evitar recurrencias de la hemorragia y del ictus isquémico. El criterio primario de valoración fue una combinación de muerte o discapacidad mayor (definida por una puntuación de 3–5 en la escala modificada de Rankin) a los 90 días.

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Se incluyó en el estudio a 2839 pacientes durante casi cinco años. Las características iniciales fueron similares en los dos grupos, aunque el tiempo transcurrido desde el comienzo de la hemorragia hasta el inicio del tratamiento antihipertensivo por vía IV fue significativamente menor en el grupo del tratamiento enérgico (4.0 h frente a 4.5 h; p <.001). A los 90 días, menos pacientes del grupo de tratamiento enérgico habían alcanzado el criterio primario de valoración, pero sin significación estadística [52% frente a 56%; odds ratio (OR), 0.87; intervalo de confianza (IC) al 95% 0.75–1.01; p = .06]. Un análisis secundario previsto examinó si el tratamiento agresivo variaría la distribución de las puntuaciones en la escala de Rankin modificada hacia resultados clínicos funcionales más favorables; la odds ratio acumulada para un cambio favorable fue significativa a favor de la estrategia agresiva (0.87; IC al 95%, 0.77–1.00; p = .04).

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También se observó mejoría importante de las puntuaciones de calidad de vida global relacionada con la salud, referidas por los pacientes a los 90 días, en el grupo del tratamiento agresivo. Cabe destacar que no se registraron diferencias significativas entre los dos grupos en lo referente al crecimiento del hematoma, ni tampoco de mortalidad, mortalidad atribuida a la hemorragia o incidencia de episodios adversos no letales.

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En este importante estudio se demuestra que en caso de hemorragia ...

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