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Los pacientes con enfermedad de Parkinson (PD, Parkinson’s disease) presentan síntomas progresivos de rigidez, temblor, bradicinesia e inestabilidad postural. Con frecuencia, es posible aliviar los síntomas satisfactoriamente, incluso de manera espectacular, durante algún tiempo mediante diversos tratamientos médicos y quirúrgicos; sin embargo, no se ha demostrado que ninguno de esos tratamientos frene la progresión de la neurodegeneración en la PD y repercuta así sobre la evolución final del trastorno. Basándose en cultivos celulares y en estudios animales, se ha pretendido que el pramipexol, agonista de la dopamina de uso habitual, tiene esas propiedades neuroprotectoras.

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Schapira y su grupo (2013) realizaron un estudio comparativo con placebo y doble enmascaramiento, multicéntrico y financiado por la industria para poner a prueba la hipótesis de que el pramipexol tiene efectos neuroprotectores. Seleccionaron en 98 centros de 10 países a pacientes con PD idiopática que habían sido diagnosticados en los dos años previos y que no necesitaban tratamiento sintomático con antiparkinsonianos. Se excluyó a los que estaban siendo tratados con antiparkinsonianos y a los que tenían antecedentes de psicosis, demencia o depresión.

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Inicialmente, se distribuyó a los pacientes de manera aleatorizada para que recibieran pramipexol o placebo, y al cabo de 6–9 meses se trató a todos los pacientes con pramipexol hasta completar la duración del estudio, estableciendo así grupos de comparación de pramipexol tempranos y tardíos. El criterio primario de valoración fue la gravedad de la PD medida con la puntuación de la UPDRS (standard unified Parkinson’s disease rating scale) a los 15 meses. Además, en un subestudio de neuroimagen se examinó la unión de los transportadores estriatales de dopamina mediante tomografía computarizada con emisión monofotónica (SPECT, single-photon emission computed tomography).

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Se asignó de manera aleatorizada a 535 pacientes para que recibieran pramipexol de forma temprana o tardía. El cumplimiento terapéutico fue excelente (mayor de 95%) en ambos grupos, pero del 15 al 20% de cada grupo abandonaron el estudio debido, principalmente, a efectos adversos, con mayor frecuencia a la necesidad de tratamientos sintomáticos adicionales. A los 15 meses, no se observaron diferencias significativas entre los dos grupos en el cambio medio ajustado de las puntuaciones de la UPDRS respecto a las iniciales (p = .65).

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Los análisis secundarios incluyeron tres escalas de calidad de vida, en dos de las cuales no se apreció diferencia entre los grupos. En la tercera escala se apreció una pequeña diferencia a favor del grupo de tratamiento temprano, pero se consideró que su significación clínica era cuestionable. Se incluyó también a 160 pacientes en el subestudio de neuroimagen, que incluyó SPECT al inicio y a los 15 meses; no se encontraron diferencias entre los grupos de tratamiento temprano y tardío, refutando la hipótesis de que el tratamiento temprano reduce la pérdida de células dopaminérgicas.

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En este estudio, grande y bien realizado, no se pudo demostrar ningún efecto neuroprotector de uno de los fármacos usados con mayor frecuencia en la PD. ...

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