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Los pacientes que han padecido un ictus pueden presentar debilidad residual de los miembros, a pesar de una fisioterapia intensiva. Recientemente, se han descrito varias estrategias para mejorar la función en esos pacientes, como la terapia restrictiva del movimiento. Sin embargo, los pacientes con debilidad grave tendrán a menudo dificultades con muchas de las técnicas que requieren cierto grado de fuerza muscular para tener éxito.

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Ramos-Murguialday y su grupo (2013) se propusieron probar un nuevo paradigma de interfaz cerebro-máquina con la esperanza de mejorar la fuerza en pacientes con debilidad grave crónica posterior a un ictus. Seleccionaron a 32 pacientes con debilidad grave de al menos una mano, sin extensión digital activa de al menos 10 meses de duración. La intervención que se puso a prueba fue el entrenamiento con interfaz cerebro-máquina en el que el paciente aprendería a controlar la desincronización de las oscilaciones cerebrales rolándicas sensitivomotoras medidas por electroencefalografía. En el grupo de la intervención, un control satisfactorio de esas oscilaciones por el paciente se tradujo en el movimiento inmediato de una ortesis que permitió movimientos del miembro de agarre y de alcance. En el grupo control o “simulado”, se produjo el mismo entrenamiento con la interfaz cerebro-máquina, pero las oscilaciones se tradujeron en movimiento de la ortesis de manera aleatorizada, independientemente del éxito. En ambos grupos, después de cada sesión de entrenamiento con la interfaz cerebro-máquina se practicó fisioterapia y los grupos participaron en una media de un poco menos de 18 días de entrenamiento y terapia.

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Se observó una significativa interacción entre grupo y tiempo en la evaluaciones estándar de las puntuaciones motoras del miembro superior, puntuaciones que mejoraron significativamente más en el grupo de la intervención que en el grupo de referencia, demostrando una mejoría clínicamente relevante desde cero hasta alguna actividad en la musculatura parética. Solo los pacientes del grupo de la intervención pudieron mejorar significativamente el rendimiento de la interfaz cerebro-máquina con el tiempo. En el miembro afectado, se demostró por electromiografía (EMG) una mejoría estadísticamente significativa en el grupo de la intervención antes y después del entrenamiento que no se observó en el grupo de referencia. También se midió por MRI funcional (fMRI) el nivel de oxigenación sanguínea dependiente de la actividad antes y después de la intervención; se observó una mejoría del índice de lateralidad que correspondía a las mejorías de las puntuaciones motoras en el grupo del tratamiento. Las puntuaciones de las medidas de la expectativa de placebo fueron comparables en los dos grupos, lo que indicaba en parte que los participantes estaban razonablemente enmascarados al grupo de tratamiento al que estaban asignados.

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Se demuestra en este estudio que se puede usar una interfaz cerebro-máquina para mejorar las puntuaciones motoras en pacientes después de un ictus incluso mucho después de la lesión inicial (más de 10 meses). El aquí presentado es un modelo de entrenamiento para mejorar la retroalimentación positiva propioceptiva que puede luego, en ...

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