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Los resultados publicados sobre la utilidad de los betabloqueantes en el contexto del síndrome coronario agudo para limitar el tamaño del infarto han sido contradictorios entre las distintas etapas terapéuticas y aun en una misma etapa. Datos con animales indican que los betabloqueantes pueden reducir el tamaño del infarto en caso de infarto de miocardio con elevación del segmento ST (STEMI, del inglés ST-elevation myocardial infarction) tratados con intervención coronaria percutánea (PCI, del inglés percutaneous intervention) primaria, pero solo si se administran antes de la reperfusión. Sin embargo, a falta de estudios clínicos aleatorizados que apoyen ese beneficio, las actuales directrices de consenso aconsejan el inicio del bloqueo beta únicamente en las primeras 24 horas. El estudio METOCARD-CNIC (Ibanez et al., 2013), prospectivo, multicéntrico, aleatorizado y con evaluación enmascarada, comparó la administración precoz (antes de la reperfusión) de metoprolol por vía IV con la no administración de metoprolol antes de la reperfusión. Los candidatos tenían que haber sufrido un STEMI anterior con una duración de los síntomas > 30 minutos, y la reperfusión tenía que poder realizarse en las 6 horas siguientes al comienzo de los síntomas. Fueron criterios de exclusión el pertenecer a la clase III o IV de Killip, intervalo PR > 240 ms, bloqueo auriculoventricular de tipo II o III, tensión arterial sistólica < 120 mmHg, frecuencia cardiaca < 60 lpm de manera persistente, antecedentes de IM, o estar ya en tratamiento con betabloqueantes. Tras prestar el consentimiento informado, los pacientes fueron distribuidos de manera aleatoria (en estratos según el tiempo transcurrido desde el comienzo, estado diabético, sexo y edad) al grupo de tratamiento (hasta tres emboladas de 5-mg de tartrato de metoprolol a intervalos de 2 minutos) o al grupo control (ningún bloqueo beta antes de la reperfusión). El resto del tratamiento fue idéntico en los dos grupos, incluyendo una recomendación de aspiración del trombo y empleo de glicoproteína IIb/IIIa así como el inicio de tartrato de metoprolol por vía oral después de la revascularización, en ausencia de contraindicaciones. Se excluyó del análisis a los pacientes sin datos enzimáticos de infarto. A los demás pacientes se les realizó una resonancia magnética (MRI) 5–7 días después del infarto. El tamaño del infarto fue cuantificado por observadores enmascarados mediante realce tardío con gadolinio en un laboratorio central.

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Se distribuyó aleatoriamente a 270 pacientes (131 al grupo control, 139 al grupo de metoprolol IV); 2 pacientes de cada grupo retiraron su consentimiento, 24 fueron excluidos antes de la MRI y a 22 no se les pudo practicar la MRI programada. Se incluyó en el análisis a 220 pacientes (106 que recibían metoprolol, 114 controles). El tamaño del infarto fue significativamente menor en los pacientes tratados con metoprolol IV que en los controles, (25.6 ± 15.3 frente a 32.0 ± 22.2 g; p = .012). Esta diferencia fue mayor en pacientes con flujo grado 0–1 de TIMI antes de la PCI; en esta cohorte, el tamaño del infarto fue de 26.7 ± 15.0 g entre los pacientes tratados con metoprolol IV, y de 34.4 ± 20.0 g en los controles (p = .0024). No se demostró ningún efecto protector en los pacientes con flujo grado 2–3 de TIMI antes de la PCI (p = .6). Se observó un patrón similar en el nivel máximo de creatina kinasa (CK) y en el área bajo curva de liberación de CK, así como en la fracción de eyección del ventrículo izquierdo evaluada mediante MRI. En las primeras 24 horas no se observaron diferencias en cuanto a episodios adversos cardiacos entre los grupos. Sin embargo, se registró una tendencia hacia una mayor tasa de progresión a la clase III/IV de Killip entre los pacientes tratados con metoprolol (7.9% frente a 6.9%; sin valoración estadística).

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Se incorporaron al diseño de este estudio las lecciones aprendidas del COMMIT (Clopidogrel and Metoprolol in Myocardial Infarction Trial), excluyendo a los pacientes en quienes el uso de metoprolol IV aumentaba el riesgo de choque cardiógeno. Aunque no se analizó en ...

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