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La agitación es uno de los problemas más molestos para los médicos y las familias de los pacientes con enfermedad de Alzheimer; es un síntoma frecuente que a menudo da lugar al sufrimiento de los cuidadores y el ingreso en instituciones. No se ha podido demostrar en diferentes estudios que el tratamiento de la agitación con diversos fármacos, como antipsicóticos, inhibidores de la colinesterasa y anticonvulsivos, produzca ningún beneficio en estos enfermos. El uso de antipsicóticos se ve complicado aún más porque hay datos que demuestran un aumento del riesgo de muerte en ancianos con este tipo de fármacos. Dada la falta de eficacia sobre el problema de cualquier medicamento específico, se esperaba con interés un reciente estudio sobre citalopram, inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina, frente a la agitación de la enfermedad de Alzheimer (Porsteinsson et al., 2014).

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Se llevó a cabo un estudio multicéntrico, aleatorizado, comparativo con placebo y doble enmascaramiento de citalopram en pacientes con enfermedad de Alzheimer y agitación considerable. Se excluyó a quienes padecían un episodio depresivo mayor o a los que requerían tratamiento antipsicótico por psicosis. Todos los pacientes estaban sujetos a intervención psicosocial estructurada y recibieron placebo o citalopram a dosis crecientes, empezando por 10 mg diarios. A mitad del estudio, la Food and Drug Administration estadounidense emitió un aviso de riesgo de prolongación del QT con citalopram, dependiente de la dosis, de manera que se incorporaron al estudio nuevos criterios de exclusión y requisitos de vigilancia. El criterio primerio de valoración se basó en las puntuaciones de la subescala de agitación de la Neurobehavioral Rating Scale y de la escala Alzheimer’s Disease Cooperative Study—Clinical Global Impression of Change (ADCS-CGIC) modificada, a las 9 semanas.

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Participaron en el estudio 186 pacientes, con una edad media de 78 años y una puntuación media del Mini-Mental State Examination (MMSE) de 16. Al final del estudio, el 78% de los pacientes asignados al citalopram tomaban una dosis diaria de 30 mg. Los pacientes asignados al citalopram, respecto a los asignados al placebo, mostraron mejoría significativa de ambas puntuaciones escogidas como criterios primarios de valoración. En la escala ADCS-CGIC modificada, se observó mejoría moderada o marcada en el 40% del grupo del citalopram y en el 26% del grupo del placebo.

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Entre los efectos secundarios del citalopram que se observaron con mayor frecuencia que con el placebo se contaron anorexia, diarrea y fiebre. Durante el estudio se observó empeoramiento de la capacidad intelectual, medida por el MMSE (–1.05 puntos; p = .03), en los pacientes que tomaban citalopram y también el esperado aumento del intervalo QTc, significativamente mayor en los pacientes con citalopram.

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Este estudio es uno de los primeros en demostrar el efecto positivo de un medicamento sobre la agitación de la enfermedad de Alzheimer. Solo duró 9 semanas y se desconocen los efectos después de este breve periodo. Siguen preocupando tanto el aumento del QTc como el empeoramiento de la capacidad intelectual que se observaron con el citalopram; no ...

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