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La hipertensión intracraneal idiopática, antiguamente llamada pseudotumor cerebri, es un trastorno que se caracteriza por un aumento de la presión intracraneal con estudios de neuroimagen cerebral y análisis bioquímicos del líquido cefalorraquídeo (LCR) dentro de la normalidad. Los pacientes afectados con mayor frecuencia son mujeres jóvenes con sobrepeso que sufren cefaleas y, a menudo, pérdida visual progresiva; para evitar que esta sea permanente, es esencial un tratamiento rápido y eficaz. Aunque en algunos estudios no controlados se ha mostrado eficaz la pérdida de peso moderada, algunos pacientes necesitan además un método quirúrgico, como la derivación del LCR. Junto a la pérdida de peso se han usado tratamientos farmacológicos, sobre todo diuréticos, aunque pocos estudios demuestren su eficacia. Un reciente estudio (NORDIC Study Group et al., 2014) examinó el tratamiento con acetazolamida, un inhibidor de la anhidrasa carbónica que parece reducir la presión intracraneal, en parte por disminuir la producción de LCR.

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En un estudio comparativo con placebo, aleatorizado, con doble enmascaramiento, de acetazolamida combinada con pérdida de peso para el tratamiento de la hipertensión intracraneal idiopática en 38 centros de Norteamérica, se distribuyó de manera aleatoria a pacientes de entre 18 y 60 años para que se sometieran a un plan específico dietético y de modificación del estilo de vida junto con placebo o acetazolamida (hasta 4 g por día, según tolerancia, en dosis divididas crecientes). Los pacientes incluidos ya habían sufrido pérdida visual leve, pero no se incluyeron casos más graves. El criterio primario de valoración fue la variación de la desviación perimétrica media (PMD, del inglés perimetric mean deviation), medida con el campímetro de Humphrey, en el peor ojo entre el inicio y los seis meses.

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Se incluyó en el estudio a 165 pacientes (161 mujeres) con una edad media de 29 años (intervalo de 18–52 años) y completaron el seguimiento el 80% del grupo de la acetazolamida y el 72% del grupo placebo. En total, 7 pacientes (6 del grupo placebo, p = 0.06) alcanzaron alguno de los criterios de fracaso del tratamiento especificados de antemano y fueron retirados del estudio a favor de otros tratamientos, probablemente quirúrgicos.

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La mejoría media de la PMD fue significativamente mayor en el grupo de la acetazolamida que en el del placebo [0.71 dB; intervalo de confianza (IC) al 95%, 0–1.43; p = .05]. En análisis secundarios se demostró la existencia de mejorías significativas con acetazolamida, respecto al placebo, del grado de papiledema (p < .001), de la calidad de vida relacionada con la visión (p = .003) y en un estudio neurooftalmológico funcional (p < .001). También se observó una mayor pérdida de peso en el grupo de la acetazolamida que en el del placebo (–4.05 kg; IC al 95%, –6.27 a –1.83; p < .001). Se produjeron efectos adversos graves en 9 pacientes (3 en el grupo del placebo); en los 6 del grupo de la acetazolamida esos efectos incluyeron hospitalizaciones por nefropatía, transaminitis, pancreatitis y diverticulitis, así como un caso de hypokaliemia, y un paciente sufrió una reacción alérgica de etiología desconocida.

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Se demuestra así la eficacia moderada de la acetazolamida, combinada con un programa de pérdida de peso en el tratamiento de la hipertensión intracraneal idiopática. Es importante reconocer y tratar este trastorno para prevenir la terrible complicación de la pérdida visual permanente. Es razonable que los médicos que atienden a estas pacientes añadan la acetazolamida a un programa de pérdida de peso, aunque es probable que se necesiten más estudios para ...

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