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Una de las principales consecuencias de la enfermedad de Parkinson es la discapacidad progresiva por disfunción motora que puede afectar a las actividades cotidianas. En los centros que atienden a un gran número de pacientes con esta enfermedad se combina a menudo la farmacoterapia y un enfoque multidisciplinar con estrategias de rehabilitación diseñadas para mejorar la función aun cuando la enfermedad siga empeorando. Con ese fin se suele usar la fisioterapia, pero aún más beneficiosa para algunos pacientes puede ser la terapia ocupacional dirigida específicamente a las actividades cotidianas, incluyendo las domésticas y de ocio y el autocuidado.

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Sturkenboom et al. (2014) llevaron a cabo un estudio multicéntrico, aleatorizado, con enmascaramiento del evaluador, de la terapia ocupacional en una red de centros especializados de los Países Bajos para examinar su papel en el tratamiento de la enfermedad de Parkinson. Eran candidatos a participar los pacientes atendidos en 10 hospitales si vivían en su domicilio y referían problemas con las actividades cotidianas significativas por su patología. Se excluyó del estudio a los que presentaran afectación cognitiva y a aquellos que ya hubieran recibido terapia ocupacional en los tres meses previos.

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Se distribuyó aleatoriamente a los pacientes, en una proporción 2:1, entre un grupo de intervención y uno de control. Los del grupo de intervención recibieron en su domicilio durante 10 semanas terapia ocupacional adaptada específicamente a sus dificultades de actividad individuales. El tiempo empleado por los terapeutas varió, pero se permitió un máximo de 16 horas en las 10 semanas del estudio. Los terapeutas ocupacionales habían recibido al menos tres días de entrenamiento en terapia ocupacional específica para la enfermedad de Parkinson y entrenamiento adicional antes del estudio y durante el mismo. El grupo control no recibió terapia ocupacional, pero pudo recibir otros servicios médicos, psicosociales o relacionados con la salud, según sus necesidades. Los pacientes y sus terapeutas no estaban enmascarados en cuanto a la asignación, pero los evaluadores desconocían el grupo de tratamiento. El criterio primario de evaluación fue el rendimiento percibido en las actividades cotidianas medido a los tres y a los seis meses con una escala común que utiliza una entrevista estructurada para puntuar el rendimiento en tres a cinco de las actividades cotidianas más significativas de cada paciente.

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Participaron en el estudio 191 pacientes y el 94% también tenía un cuidador que participaba. Solo abandonaron el estudio el 2% de los pacientes del grupo de la intervención y el 9% del grupo control. A los tres meses, la diferencia de la media ajustada del criterio primario de valoración fue significativamente mejor en el grupo de la intervención (p < .0001). La diferencia a los seis meses, aunque menor, se mantuvo significativa (p < 0.0001). En su mayor parte, los resultados de los criterios secundarios de valoración, como los referentes al cuidador y las mediciones de la calidad de vida, no variaron significativamente entre los grupos.

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Cuando se estudian de manera rigurosa las intervenciones relacionadas con la salud en diversas enfermedades neurológicas, como es el caso de la terapia ocupacional en este estudio, se demuestra cada vez más su eficacia. En este caso, la ausencia de intervención “simulada” plantea la posibilidad de efecto placebo, pero los beneficios medidos de ...

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