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La causa más frecuente de disfunción no traumática de la médula espinal es la espondilosis cervical. Aunque el tratamiento de elección es la descompresión quirúrgica, hay que hacer el diagnóstico diferencial con otros procesos, como infecciones, enfermedades autoinmunitarias (p. ej., esclerosis múltiple) y sarcoidosis, cuyo abordaje es diferente y requieren diversos tratamientos médicos. Es especialmente difícil diferenciar estos procesos de la espondilosis debido a la gran cantidad de pacientes asintomáticos con enfermedad degenerativa cervical en niveles próximos no relacionada con una disfunción de la médula cervical.

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En una serie de casos reciente, Flanagan et al. (2014) han tratado de identificar por imágenes de resonancia magnética (MRI) un patrón de refuerzo específico de la mielopatía espondilósica que permitiera un diagnóstico más rápido y preciso. Para ello, examinaron de manera retrospectiva a pacientes de un solo centro durante 17 años. Se incluyó a aquellos en los que se sospechara mielopatía espondilósica que hubieran sido operados después de presentar refuerzo con gadolinio en la MRI preoperatoria; la selección se basó en los pacientes que recordaban los autores, en una búsqueda de los protocolos quirúrgicos y en una revisión de los pacientes con mielopatía progresiva de origen desconocido que hubieran sido evaluados por sarcoidosis.

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Se incluyó a 56 pacientes cuyos síntomas habían comenzado de forma subaguda, desde ≤ 8 semanas (37%), o insidiosa (65%). Antes de la intervención, el 11% iban en silla de ruedas, 73% deambulaban y el 16% usaban algún dispositivo de ayuda a la marcha, como un bastón o un andador. En la MRI ponderada en T2, todos los pacientes mostraban en proyecciones sagitales una imagen típica fusiforme de la médula espinal. En todos los casos, menos uno, se encontraba una sola lesión reforzada cuya longitud era igual o inferior a un segmento medular; el otro paciente mostraba tres lesiones de refuerzo en tres puntoss distintos de estenosis. El patrón de refuerzo era en banda transversal con aspecto de "tortita" en las proyecciones sagitales en el 73%. La localización más frecuente de esta banda de refuerzo era inmediatamente inferior al lugar de máxima estenosis. En las proyecciones axiales, el refuerzo era típicamente circunferencial y respetaba la sustancia gris en el 88% de los casos.

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La mediana de tiempo transcurrido desde el comienzo de los síntomas hasta la intervención quirúrgica fue de 11 meses (intervalo, 1–64 meses), a menudo porque se estaban teniendo en cuenta otros procesos. El 70% de los pacientes mejoraron después de la intervención y el 14% permanecieron estables. Siete pacientes necesitaron otra intervención al mismo nivel, y todos ellos mejoraron. En la MRI de seguimiento (mediana de 23 meses; intervalo, 1–131 meses), el refuerzo persistía a los 3 meses en 34 de 34 pacientes y a los 12 meses en 12 de 16 pacientes. La persistencia de este refuerzo hizo que el médico responsable del tratamiento dudara del diagnóstico de mielopatía espondilósica en el 46% de los pacientes.

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Aunque el estudio adolece de los sesgos introducidos en cualquier serie de casos, ...

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